04 DE MAYO DEL 2025 – III DOMINGO DE PASCUA – (Juan 21, 1-19)
En este tiempo pascual, donde celebramos con alegría la victoria de Cristo sobre la muerte, el Evangelio de hoy nos lleva a una escena entrañable: Jesús resucitado se encuentra nuevamente con sus discípulos, esta vez junto al lago de Tiberíades. Y lo hace no con grandes milagros, sino con gestos sencillos: los espera en la orilla, les ofrece un desayuno, los mira con ternura, y especialmente, le habla al corazón de Pedro.
Consideremos los acontecimientos para su comprensión y asimilación para llevar a la práctica.
1. “Voy a pescar…” – El regreso a lo cotidiano
Pedro, después de la resurrección, no sabe muy bien qué hacer. Vuelve a lo que conoce: la pesca. No lo hace por rebeldía, sino porque, como nosotros, a veces en medio de la incertidumbre, nos refugiamos en la rutina.
Y Jesús, como siempre, va a su encuentro allí, en lo ordinario, en lo diario. No en el templo, no en el monte, sino en su trabajo, en la noche, en el cansancio.
- Hoy, el Señor también te busca donde estás: en tu casa, en tu trabajo, en tu lucha diaria.
2. “Echen la red a la derecha…” – Confiar, incluso sin entender
Después de una noche sin frutos, Jesús les da una indicación concreta. Ellos podrían haberse negado, pero obedecen y aparece la abundancia.
- Esto enseña que muchas veces el fruto no está en trabajar más, sino en trabajar con Cristo. Hacerlo a su manera, escuchar su voz, aunque no tenga lógica humana.
Respóndete: ¿Dónde nos está pidiendo Jesús que lancemos la red otra vez? ¿Qué paso de fe debemos dar?
3. “¡Es el Señor!” – Aprender a reconocerlo
Solo después de la pesca milagrosa, el discípulo amado lo reconoce: “¡Es el Señor!”.
- ¿Cuántas veces Dios está actuando en nuestra vida, pero no lo reconocemos?
En los pequeños gestos, en un hermano que consuela, en la paz que vuelve, en un perdón que parecía imposible… ¡Ahí está Jesús resucitado!
tengamos los ojos del corazón abiertos para decir también: “¡Es el Señor!”
4. “Venid a desayunar” – Un Dios que cuida
Jesús no solo les asigna una misión, también los alimenta, los acoge, los cuida.
- Nuestro Dios no es un jefe distante. Es un amigo que enciende fuego para ti, que prepara pan caliente, que conoce tu hambre física y espiritual.
Déjate cuidar por Él. No estás solo. Cristo resucitado camina contigo.
5. “¿Me amas?” – El centro de todo
El momento culminante: Jesús se dirige a Pedro con una pregunta sencilla pero poderosa:
“¿Me amas?”
No le pregunta si lo entiende todo, ni siquiera, si está preparado, tampoco -si no fallará de nuevo.
Simplemente le pregunta si lo ama.
Y a partir de esa respuesta, le confía su misión: “Apacienta mis ovejas.”
- Hoy Jesús te hace la misma pregunta:
Hermano, Hermana ¿Me amas?
Y si tu respuesta, aunque imperfecta, es sincera… entonces Él te enviará a la misión. A cuidar de tu familia, a servir en tu comunidad, a anunciar su amor en el mundo.
6. “Sígueme” – Una invitación personal
El Evangelio termina con esta palabra poderosa:
“Sígueme.”
No es solo una orden. Es una invitación amorosa. Una propuesta de vida.
No importa tu pasado, ni tus caídas. Jesús te llama hoy, aquí, ahora, a seguirlo.
Conclusión:
Queridos hermanos, hoy el Evangelio nos deja tres preguntas esenciales para vivir nuestra fe:
- ¿Dónde estás echando tus redes? ¿Estás dejando que Jesús te guíe?
- ¿Estás reconociendo al Señor en tu vida?
- ¿Amas de verdad a Jesús? ¿Estás dispuesto a seguirlo y servir en tus hermanos?
Pidamos al Espíritu Santo que, como Pedro, respondamos de corazón:
“Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.” Y desde ese amor, vivir nuestra fe cada día, en lo pequeño y en lo grande, sabiendo que el Señor resucitado camina a nuestro lado. Pedro me amas “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.”

Hna. Rosa Ivelia Jiménez C.
